viernes, 6 de mayo de 2016

4. Final

Subí corriendo las escaleras del portal. Con suerte mi abuela estaría durmiendo. Sin embargo, me quedé paralizado al abrir la puerta: allí estaba mi abuela, llorando, y el librero a su lado, consolándola. ¿Qué estaba pasando?. Ya me veía entre rejas.
-Pero hijo, ¿qué has hecho?
Me quedé sin palabras. No sabía cómo reaccionar ni qué contestación darle.
-¿Por qué has tenido que robar ese libro? Ella no va a volver. Tienes que superarlo.
Avergonzado, escuché cómo mi abuela comenzó a relatarle al hombre al que le había robado, la historia de mi vida.
-Tiene que disculpar a mi nieto. Se ha criado sin padre, y su madre murió muy joven. La pobre tuvo mala suerte en el amor y el de arriba se la llevó muy pronto. Mire qué guapa era.
Entonces mi abuela le mostró una foto de mi madre, y fue cuando al hombre que se supone que iba a meterme entre rejas le cambió el semblante, se puso pálido y susurro su nombre:
-Carmen…
Me miró fijamente y me preguntó:
-¿Cuántos años tienes, chaval?
-24- le dije.
El solo logró decir para sí mismo mirando la foto de mi madre:

-Oh Carmen… al final seguiste adelante…

3. Mujercitas


Abrí la cartera del chico, y ví su DNI y un número de teléfono. Decidí llamar para ver si podía localizarlo y marqué el número de teléfono:
-Buenas tardes, ¿puedo hablar con Robert?
-Disculpe, no se encuentra en casa en este momento, yo soy su abuela. ¿Con quién hablo?
-Verá, su nieto se ha dejado la cartera en mi tienda.
-No me diga, este chico está fatal de la cabeza.
-Pero aún hay más. Le he pillado robando un libro.
-¿Pero qué me dice? Madre mía, qué vergüenza. Lo siento mucho de verdad. Si usted quiere yo le pago el libro, pásese usted por mi casa y le daré el dinero.
-Muy bien señora, no se preocupe. En un momento estoy allí.
Llamé a la puerta, me abrió una señora de unos 80 años, pelo canoso y entrada en kilos. En sus ojos se reflejaba el sufrimiento de toda una vida. Algo había en su cara que me resultaba familiar, pero no sabía el qué. Muy amable me invitó a pasar y me ofreció un té. Comenzamos a hablar y me preguntó:
-Y dígame, ¿qué libro ha robado?
-Pues le resultará extraño para un chico de su edad, pero se ha llevado “Mujercitas”.
La señora me miró fijamente y comenzó a llorar.
-Es el libro que le leía su madre todas las noches…- Me dijo entre sollozos.

2. La cafeteria

Me sentía libre corriendo. Me sentía vivo a pesar de que lo que estaba haciendo era ilegal. Corrí y corrí sin parar, mirando hacia atrás; y, cuando me percaté que el librero ya no me seguía, por fin paré a recuperar el aliento. Me senté en un banco, y al mirar al frente la vi...Vi aquella cafetería donde solía ir con ella. Al verme reflejado en el cristal, me sorprendí a mí mismo volviendo a recordar esos momentos.

Solíamos quedar casi todas las noches de invierno.

Me hablaba de sus problemas, de sus experiencias, de su familia y de cosas que para mi eran lo más interesante que podría escuchar nunca.
Se pedía un té, yo también, aunque no me gustaba. Me venía bien ya que así tardaba más en tomármelo. El tiempo con ella era una delicia. Siempre la tengo presente en mi mente, aunque no de manera consciente. Decidí entrar a tomar un té, para recrearme en mis recuerdos. Al tocar mi bolsillo, me di cuenta de que no llevaba la cartera. ¡Mierda!, la había perdido. ¿Se me habría caído en la librería?

Decidí irme de allí.
Me levanté y seguí camino a casa, esperando no encontrar allí a la policía.

1. Inicio

Era un día especialmente caluroso de agosto. Robert estaba parado frente a la librería y, mientras se veía reflejado en el escaparate, con gotas de sudor y nerviosismo, se preguntaba si lo que estaba a punto de hacer merecería la pena. Era una buena acción, al menos para él. 

Con paso firme entró en la tienda y forzando una sonrisa saludó al dueño, el cual al verlo no pudo evitar sentir desconfianza ante el nuevo cliente. En este barrio todo el mundo conoce a todo el mundo, y este chico no le sonaba de nada. ¿Para qué había venido a su librería? se preguntó el dueño. El chico daba vueltas sin parar en la misma sección; novelas románticas. 

Robert cogió un ejemplar de "mujercitas'' y se lo metió en el bolsillo del pantalón, con tal mala suerte que al hacerlo se le cayó la cartera al suelo. El dueño en seguida se dió cuenta de la situación e intentó acercarse al chico para avisarle , pero este salió corriendo. El dueño, perplejo, se dió cuenta de que había robado. Se quedó mirando aquella cartera desgastada. No sabía si abrirla o directamente llamar a la policía. La abrió. ¿Qué más daba? Le había robado.



Se llamaba Robert Goodwin ,salió tras él.